He visto como compañeros anarquistas -no sólo de este punto geográfico, sino más allá de él, en otras latitudes y longitudes- se han mostrado complacientes con el proceso “revolucionario socialista” que acá se vive, dejando a un lado una de las ideas centrales y núcleo teórico del anarquismo como es la crítica al Estado; al respecto, Bakunin expresó con contundencia en su obra “Dios y el Estado”: “ Explotar y gobernar significan la misma cosa: la una completa a la otra y le sirve de medio y de fin.”
Esta contradicción parece muy normal, considerando que el reconocido lingüista Noam Chomsky, habiéndose definido como anarquista, ofrece patrocinio intelectual a otros Estados, en retribución quizá de la publicidad que recibieron sus libros, o más bien, buscar a sus 81 años, el protagonismo político del que algunos intelectuales en diferentes momentos históricos han sacado provecho. Queda en evidencia que la libertad no es sólo un mero conocimiento, más importante aún, es un profundo sentimiento.
Con todo respeto hago saber esta inquietud, pues la discusión en lugar de centrarse en cómo unir esfuerzos para alcanzar un modelo de sociedad autogestionada, libre de las imposiciones estatales y de transnacionales, se ha centrado en determinar si es posible o no un anarquismo complaciente con la estructura de poder del Estado. No podemos caer en la tentación facilista de trabajar sobre la base de lo ya existente, pues esto implicaría la continuidad y perpetuidad del sistema. Es necesario, entre otras cosas, dar el paso superador de la economía de mercado.
Si en definitiva, el anarquismo está condenado a servir y doblegarse ante el Estado, habré de volver a mi nihilismo con rasgos existencialistas y pesimistas, corriendo el riesgo de regresar a la montaña porque sencillamente el hombre es una causa perdida. Pues si Zaratustra no regresó a la montaña, mucho menos yo; me aseguraré de no terminar de este modo; si así es la realidad tocante, la lucha consistirá en negar y rechazar el anarquismo a manera de una especie de anarquista del anarquismo.
Llegué al anarquismo por medio del nihilismo y el existencialismo; no a través de de ideologías políticas de izquierda. Quizá parezcan ideas descabelladas y sin sentido; si así fuere, no pienso perder mi tiempo creando y estructurando un sistema filosófico que sustente tales ideas sólo para demostrar que si es posible tal cosa. Con el hecho de que yo mismo esté convencido, me basta.
Por lo anteriormente expuesto, considero particularmente que el anarquismo no tiene lugar alguno en ese espectro político simplista, obsoleto, vigente y reinante desde tiempos mucho más allá de la revolución francesa, que además ha producido innumerables pugnas en las sociedades humanas. Vaya revolución. Una revolución que se sostiene con ideas del siglo XIV quizá. Es hora de evolucionar, es hora de desechar lo inútil, lo inservible… lo obsoleto.
En este punto geográfico, la situación actual se ha conformado de tal manera, que han hecho suponer que estas ideas vagas acerca de socialismo o de izquierda son nuevas, lo cual es totalmente falso. Sin embargo, asumiré para la alegría de algunos, que estas ideas son realmente inéditas o, mejor aún, para su tristeza, debido a la vaguedad de las mismas, si es que esto tiene alguna importancia para alguien.
En medio de esta moda oportunista del socialismo del siglo XXI venezolano, se puede apreciar claramente la ya acostumbrada pugna, aparentemente ideológica, entre la izquierda y la derecha, surgida de la arraigada, histórica y tradicional distinción del espectro político. Un espectro político que se muestra en su máxima expresión unidimensional, como línea recta, cual cuerda sometida a dos tensiones producto de dos masas en movimiento, que ejercen fuerza en direcciones opuestas sólo para el beneficio de poder de unos pocos.
Una pugna aparentemente ideológica, puesto que ninguno de los extremos, “socialistas” o “liberales”, conocen con precisión y exactitud el conjunto de ideas fundamentales que caracterizan a una y a otra. No conocen las ideas de si mismo, ni mucho menos aquéllas a las que dicen oponerse con tanto frenesí. Ni un extremo, ni el otro, se habrán tropezado en su camino con “El capital” de Marx y Engels, o con “El hombre unidimensional” de Marcuse; mucho menos con el “Ensayo sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones” de Adam Smith o con el “Camino de servidumbre” de Von Hayek.
La justicia social es precisamente una de las dimensiones de la pugna entre pensadores socialistas y liberales; lo demás no cuenta, ni políticos, ni seguidores de políticos, ambas categorías sólo son masa amorfa y aglutinada. Esto no es más que una arrogancia intencionada, y dirigida con el fin de lograr el despertar del hombre -en especial de los seguidores de políticos- y su auténtica autonomía.
“La justicia social se refiere a la organización de la sociedad de tal modo que el bien común, al que se espera que todos contribuyan en proporción de su capacidad y oportunidad, esté al alcance de todos los miembros para su uso y goce normales”, Fagothey. La justicia social es aspiración del hombre, del mismo modo como lo es la libertad y la igualdad.
En este sentido, se han diferenciado dos posturas: la igualdad de oportunidad y la igualdad de resultado. En cuanto a la igualdad de oportunidad, históricamente ha sido preferida por el pensamiento liberal, puesto que grosso modo, se basa en la diferenciación de resultados por decisiones individuales, la iniciativa individual, la competencia y la superación personal, eliminando además las barreras legales. Lo propio ocurre con la preferencia de los pensadores socialistas por la igualdad de resultados, ya que todas las decisiones se hallan concentradas en las manos del Estado, lo que por consiguiente exime de la responsabilidad individual y de la libertad; aunado a esto, requiere necesariamente de una redistribución de los recursos y la riqueza, que en la práctica llevan a cabo forzadamente.
Por estos lares es frecuente ver a algunos socialistas venezolanos del siglo XXI, hablar ingenuamente a favor de la “igualdad de oportunidades”, asociándolas de manera tan básica con el socialismo, sólo porque aparece retratada la palabra “igualdad”. Otros, probablemente sabrán lo que están diciendo, y esto no denota otra cosa más, de que estamos en presencia de un capitalismo socialista o socialismo capitalista, realmente da igual. Lo cierto es que se manifiesta a través de un capitalismo de Estado.
El anarquismo desde una perspectiva dialéctica, se considera la síntesis resultante de una tesis representada por el socialismo y una antítesis representada por el liberalismo. Análogamente, podría hallarse alguna alternativa entre las antinomias de igualdad –de resultados y de oportunidades- derivadas de la noción de justicia social. Sin embargo, considero que la realidad refleja un problema más complejo como para pretender resolverlo con la simpleza dialéctica. Esto sería trabajo de un pensador y no de un seudopensador como yo.
En todo caso, al mejor estilo proudhoniano, sería necesario construir un equilibrio funcional que permita la convivencia de aquellas tendencias que en sí mismas son contradictorias, igualdad de oportunidades por un lado, e igualdad de resultados por el otro.
Como diría Mijail Bakunin: “Libertad sin socialismo es privilegio e injusticia; socialismo sin libertad es esclavitud y brutalidad”. Quizá, bien valdría decir: oportunidad sin resultado es privilegio e injusticia; resultado sin oportunidad es esclavitud y brutalidad.
viernes, 6 de agosto de 2010
lunes, 2 de agosto de 2010
Por la necesidad y la urgencia de la crítica, de Movimiento Libertario Cubano
Mi última contribución, "Populismo y emancipación", contestando a un lector de alasbarricadas que me había pedido mi opinión sobre los Castro, Chávez, Lula y Morales en relación con Allende, ha suscitado los comentarios de una lectora (anonim@) y de un lector (Víctor T), en los que se me reprocha el criticar (en "todos sus artículos recientes") sólo "a las figuras de izquierda que en diversas maneras han aportado a la movilización de la clase trabajadora y de los pobres", según anonim@, y el no denunciar, según Victor T, "los abusos europeos y franceses hacia latinoamérica". Lo curioso es que no se cuestiona lo fundado o no de mi crítica a esas "figuras de izquierda" sino únicamente el no extenderla a la derecha ("Ya no se critica ni a Europa, ni a USA ni a los peces gordos"). ¿Será porque la comparten?
Sea lo que sea y por considerar legítimo el derecho a la discrepancia y necesaria la crítica, comenzaré por agradecerles sus comentarios y decirles que lean, en Google, el artículo "La verdadera amenaza: el totalitarismo capitalista", que escribí para EL Libertario (de noviembre/diciembre 2004); pues creo que a través de dicho artículo podrán darse cuenta de lo fundado o infundado de sus reproches (sobre mi "mutismo" critico ante todo lo que de cerca o de lejos sirve al capitalismo) y quizás también del por qué considero tan necesario hacer la crítica de la retórica seudo revolucionaria y de la actuación política de esas "figuras de izquierda" que, según yo, contribuyen consciente o inconscientemente al desarrollo y consolidación del proyecto hegemónico mundial del Capital.
Claro que a anonim@ y a Victor T puede parecerles secundario lo ocurrido en la Unión Soviética y en China -sólo para referirnos a las "revoluciones anticapitalistas" más paradigmáticas. Pero, por lo menos, deberían reconocerme el derecho de que a mi no me lo parezca, y que, al contrario, lo considere de gran trascendencia para el futuro del movimiento emancipador en todos los continentes. No sólo por ser ejemplos indiscutibles de la falacia emancipadora del marxismo-leninismo sino también de su connivencia y confabulación con los que mandan en el mundo. De ahí que para mi sea tan necesario comprender y denunciar las causas del fracaso de esas experiencias; pues estoy convencido de que ellas han contribuido -tanto o más que las experiencias social-demócractas y las políticas de la Derecha- a extender y consolidar el totalitarismo capitalista por todo el planeta. Además de que no son sólo esas dos experiencias, pretendidamente anticapitalistas, las que han fracasado y acabado nuevamente restableciendo el capitalismo, sino todas las intentadas en base a las concepciones inevitablemente autoritarias del marxismo-leninismo.
¿Son aún necesarios más fracasos para ver la diferencia entre los discursos revolucionarios y la realidades políticas, económicas y sociales de estas "figuras de izquierda"? ¿Por qué se debería criticar y denunciar a los Blair, Zapatero, Alain García y ahora también a Lula como cómplices del capitalismo, nacional y transnacional, y en cambio no a los Castro, Chávez, Evo, Correa y Ortega? ¿No son coincidentes sus políticas económicas y sociales? ¿No criminalizan todos ellos los movimientos sociales que les reclaman más justicia y más derechos? ¿Hay realmente diferencias entre ellos en la manera de ejercer el Poder y en los resultados? ¿No es el capitalismo hoy un imperio planetario y los Estados nacionales sus servidores, inclusive aquellos que aún pretenden combatirlo?
¿Es mentira esto? ¿Es propaganda imperialista o es el fiel reflejo de la realidad? ¿De qué serviría ocultarlo? ¿Qué ganaríamos tapándonos los ojos o mirando hacia otro lado?
Yo también habría deseado que el desarrollo y el final de esas experiencias hubiese sido otro, que realmente hubiesen desembocado en el socialismo igualitario y libertario que sus promotores nos anunciaban y prometían. O por lo menos en formas sociales cercanas o avanzando hacia tal objetivo. Pero no es lo que ha sucedido o lo que está sucediendo: ni en las experiencias que, tras largos periodos de control exclusivo del poder por el partido "revolucionario" y de "socialismo real" (en realidad simple y puro capitalismo de Estado), han vuelto o están volviendo al capitalismo puro y simple, ni en las que ese partido o sus Jefes están ejerciendo más o menos hegemónicamente el poder, tras ganarlo en la competición electoral propia de las "democracias parlamentarias", y aplicando políticas productivistas en asociación con las transnacionales capitalistas. Y no ha sucedido ni sucederá porque estas experiencias, que yo he calificado de populistas, no cambian la condición de explotación de los trabajadores ni les aportan mejorías substanciales para salir de la pobreza. Además de su incapacidad o falta de voluntad para evitar la devastación del medio ambiente y la aculturación de las poblaciones indígenas en la mayoría de estos países.
Yo no creo que se pueda negar el catastrófico balance de más de un siglo de marxismo-leninismo, de socialismo estatista. Creo que debemos reconocer esta evidencia y que ello no implica renunciar a la emancipación ni caer en el derrotismo o en la desmovilización. Al contrario, sólo reconociéndolo se podrá comprender el por qué han fracasado hasta hoy todas las tentativas de acabar con la explotación del hombre por el hombre y sólo así se podrán sacar enseñanzas útiles para el futuro... Creo pues que hacerlo es un deber revolucionario, y que debemos hacerlo sin sectarismos ideológicos, sin intereses partidarios, con el único fin de no volver a extraviarse por senderos que conducen a callejones sin salida a los explotados y dominados.
Por supuesto, no se trata de pretender detentar la verdad, de dar lecciones o de imponer rutas... Simplemente, honestamente, de ver lo que no ha funcionado y no funciona, pues esto será de gran ayuda para poder iniciar nuevas experiencias y tratar en ellas de no repetir lo que ha fallado.
¿De qué nos serviría empecinarnos, por fidelidad doctrinal o creencias mesiánicas, en no ver lo que hay detrás de los líderes carismáticos, de los Mesías...? Y esto es válido para todos los líderes y todos los Mesías, sean de Derecha o de Izquierda, inclusive para los que se presenten con la etiqueta anarquista. Y no sólo porque el Poder es y será siempre dominación del hombre sobre el hombre sino porque no hay autoridad que no implique obediencia, sometimiento, y porque no es con la obediencia y el sometimiento que se conseguirá la libertad para todos.
¡Siempre se ha dicho que "la emancipación de los trabajadores será la obra de los trabajadores mismos", y siempre se ha visto que si las personas no deciden por sus propias vidas son otros que lo hacen por ellas! ¿Por qué olvidarlo ahora? Si hay una lección a sacar de más de un siglo de socialismo autoritario es que si los trabajadores no gestionan ellos mismos la economía y la sociedad será de nuevo una élite, una burocracia, la que lo hará en su lugar y para su exclusivo beneficio.
Además, si debemos considerar que estas "figuras de Izquierda" en el Poder (el Poder que dicen ejercer los Castro, Chávez, Lula, Morales y todos los que gobiernan o han gobernado antes en nombre de la Izquierda revolucionaria, como los Lenin, Stalin, Mao, etc., o los que lo han hecho en nombre de la Izquierda reformista, como los Blum, Largo Caballero, Allende o los actuales Zapatero) no pueden, no pudieron, poner en obra sus programas en razón del entorno internacional desfavorable, ¿qué sentido puede tener pues luchar por conquistar ese Poder si lo único que les permite es ser diferentes en la retórica discursiva?
Hoy sabemos el por qué el capitalismo no ha sido derrotado y por qué han sido esas "alternativas" populistas las que más han contribuido -tanto en su variante reformista como en la revolucionaria- a imponerlo como imaginario del progreso y la convivencia "democrática"…Por lo menos en el imaginario de las grandes masas… Y ello pese a seguir produciendo enormes y graves injusticias, a hacer pesar sobre la humanidad la amenaza de su propia destrucción y a seguir verificándose, día a día, su falaz concepto de libertad. Es pues por ello que no tenemos el derecho de seguir engañándonos, de seguir creyendo en mitos y de esperar que el fin de la explotación y la dominación lo encontremos por los caminos del capitalismo o del socialismo estatista (simple capitalismo de Estado).
Hoy más que nunca debemos tener presente aquello de que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de ellos mismos. De ahí la necesidad y la urgencia de denunciar y combatir a todos los que, en nombre de la libertad capitalista o de la libertad revolucionaria, nos quieren confiscar la nuestra.
Octavio Alberola
Sea lo que sea y por considerar legítimo el derecho a la discrepancia y necesaria la crítica, comenzaré por agradecerles sus comentarios y decirles que lean, en Google, el artículo "La verdadera amenaza: el totalitarismo capitalista", que escribí para EL Libertario (de noviembre/diciembre 2004); pues creo que a través de dicho artículo podrán darse cuenta de lo fundado o infundado de sus reproches (sobre mi "mutismo" critico ante todo lo que de cerca o de lejos sirve al capitalismo) y quizás también del por qué considero tan necesario hacer la crítica de la retórica seudo revolucionaria y de la actuación política de esas "figuras de izquierda" que, según yo, contribuyen consciente o inconscientemente al desarrollo y consolidación del proyecto hegemónico mundial del Capital.
Claro que a anonim@ y a Victor T puede parecerles secundario lo ocurrido en la Unión Soviética y en China -sólo para referirnos a las "revoluciones anticapitalistas" más paradigmáticas. Pero, por lo menos, deberían reconocerme el derecho de que a mi no me lo parezca, y que, al contrario, lo considere de gran trascendencia para el futuro del movimiento emancipador en todos los continentes. No sólo por ser ejemplos indiscutibles de la falacia emancipadora del marxismo-leninismo sino también de su connivencia y confabulación con los que mandan en el mundo. De ahí que para mi sea tan necesario comprender y denunciar las causas del fracaso de esas experiencias; pues estoy convencido de que ellas han contribuido -tanto o más que las experiencias social-demócractas y las políticas de la Derecha- a extender y consolidar el totalitarismo capitalista por todo el planeta. Además de que no son sólo esas dos experiencias, pretendidamente anticapitalistas, las que han fracasado y acabado nuevamente restableciendo el capitalismo, sino todas las intentadas en base a las concepciones inevitablemente autoritarias del marxismo-leninismo.
¿Son aún necesarios más fracasos para ver la diferencia entre los discursos revolucionarios y la realidades políticas, económicas y sociales de estas "figuras de izquierda"? ¿Por qué se debería criticar y denunciar a los Blair, Zapatero, Alain García y ahora también a Lula como cómplices del capitalismo, nacional y transnacional, y en cambio no a los Castro, Chávez, Evo, Correa y Ortega? ¿No son coincidentes sus políticas económicas y sociales? ¿No criminalizan todos ellos los movimientos sociales que les reclaman más justicia y más derechos? ¿Hay realmente diferencias entre ellos en la manera de ejercer el Poder y en los resultados? ¿No es el capitalismo hoy un imperio planetario y los Estados nacionales sus servidores, inclusive aquellos que aún pretenden combatirlo?
¿Es mentira esto? ¿Es propaganda imperialista o es el fiel reflejo de la realidad? ¿De qué serviría ocultarlo? ¿Qué ganaríamos tapándonos los ojos o mirando hacia otro lado?
Yo también habría deseado que el desarrollo y el final de esas experiencias hubiese sido otro, que realmente hubiesen desembocado en el socialismo igualitario y libertario que sus promotores nos anunciaban y prometían. O por lo menos en formas sociales cercanas o avanzando hacia tal objetivo. Pero no es lo que ha sucedido o lo que está sucediendo: ni en las experiencias que, tras largos periodos de control exclusivo del poder por el partido "revolucionario" y de "socialismo real" (en realidad simple y puro capitalismo de Estado), han vuelto o están volviendo al capitalismo puro y simple, ni en las que ese partido o sus Jefes están ejerciendo más o menos hegemónicamente el poder, tras ganarlo en la competición electoral propia de las "democracias parlamentarias", y aplicando políticas productivistas en asociación con las transnacionales capitalistas. Y no ha sucedido ni sucederá porque estas experiencias, que yo he calificado de populistas, no cambian la condición de explotación de los trabajadores ni les aportan mejorías substanciales para salir de la pobreza. Además de su incapacidad o falta de voluntad para evitar la devastación del medio ambiente y la aculturación de las poblaciones indígenas en la mayoría de estos países.
Yo no creo que se pueda negar el catastrófico balance de más de un siglo de marxismo-leninismo, de socialismo estatista. Creo que debemos reconocer esta evidencia y que ello no implica renunciar a la emancipación ni caer en el derrotismo o en la desmovilización. Al contrario, sólo reconociéndolo se podrá comprender el por qué han fracasado hasta hoy todas las tentativas de acabar con la explotación del hombre por el hombre y sólo así se podrán sacar enseñanzas útiles para el futuro... Creo pues que hacerlo es un deber revolucionario, y que debemos hacerlo sin sectarismos ideológicos, sin intereses partidarios, con el único fin de no volver a extraviarse por senderos que conducen a callejones sin salida a los explotados y dominados.
Por supuesto, no se trata de pretender detentar la verdad, de dar lecciones o de imponer rutas... Simplemente, honestamente, de ver lo que no ha funcionado y no funciona, pues esto será de gran ayuda para poder iniciar nuevas experiencias y tratar en ellas de no repetir lo que ha fallado.
¿De qué nos serviría empecinarnos, por fidelidad doctrinal o creencias mesiánicas, en no ver lo que hay detrás de los líderes carismáticos, de los Mesías...? Y esto es válido para todos los líderes y todos los Mesías, sean de Derecha o de Izquierda, inclusive para los que se presenten con la etiqueta anarquista. Y no sólo porque el Poder es y será siempre dominación del hombre sobre el hombre sino porque no hay autoridad que no implique obediencia, sometimiento, y porque no es con la obediencia y el sometimiento que se conseguirá la libertad para todos.
¡Siempre se ha dicho que "la emancipación de los trabajadores será la obra de los trabajadores mismos", y siempre se ha visto que si las personas no deciden por sus propias vidas son otros que lo hacen por ellas! ¿Por qué olvidarlo ahora? Si hay una lección a sacar de más de un siglo de socialismo autoritario es que si los trabajadores no gestionan ellos mismos la economía y la sociedad será de nuevo una élite, una burocracia, la que lo hará en su lugar y para su exclusivo beneficio.
Además, si debemos considerar que estas "figuras de Izquierda" en el Poder (el Poder que dicen ejercer los Castro, Chávez, Lula, Morales y todos los que gobiernan o han gobernado antes en nombre de la Izquierda revolucionaria, como los Lenin, Stalin, Mao, etc., o los que lo han hecho en nombre de la Izquierda reformista, como los Blum, Largo Caballero, Allende o los actuales Zapatero) no pueden, no pudieron, poner en obra sus programas en razón del entorno internacional desfavorable, ¿qué sentido puede tener pues luchar por conquistar ese Poder si lo único que les permite es ser diferentes en la retórica discursiva?
Hoy sabemos el por qué el capitalismo no ha sido derrotado y por qué han sido esas "alternativas" populistas las que más han contribuido -tanto en su variante reformista como en la revolucionaria- a imponerlo como imaginario del progreso y la convivencia "democrática"…Por lo menos en el imaginario de las grandes masas… Y ello pese a seguir produciendo enormes y graves injusticias, a hacer pesar sobre la humanidad la amenaza de su propia destrucción y a seguir verificándose, día a día, su falaz concepto de libertad. Es pues por ello que no tenemos el derecho de seguir engañándonos, de seguir creyendo en mitos y de esperar que el fin de la explotación y la dominación lo encontremos por los caminos del capitalismo o del socialismo estatista (simple capitalismo de Estado).
Hoy más que nunca debemos tener presente aquello de que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de ellos mismos. De ahí la necesidad y la urgencia de denunciar y combatir a todos los que, en nombre de la libertad capitalista o de la libertad revolucionaria, nos quieren confiscar la nuestra.
Octavio Alberola
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